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De acusaciones y culpas

José Inés Figueroa | CD. VICTORIA | Publicado el 16 de junio, 2026

José Inés Figueroa

La política moderna encontró en las redes sociales y algunos espacios mediáticos un terreno fértil para la construcción de percepciones.

Más que preocupar, lo que ocupa ahora son las aclaraciones, cuando la percepción pretende sustituir a los hechos, como sucede cada vez más seguido.

La polémica derivada de señalamientos que fueron desmentidos por autoridades mexicanas, la embajada estadounidense y organismos de seguridad de aquel país, vuelve a poner sobre la mesa una vieja discusión: 

¿Hasta dónde llega la libertad de informar y dónde comienza la responsabilidad de rectificar?

Porque cuando una versión se mantiene viva aun después de ser contradicha por las fuentes oficiales, el debate deja de ser periodístico y se traslada al terreno de los intereses políticos. 

Más aún, cuando los tiempos electorales empiezan a asomarse en el horizonte.

No es casual que determinados actores aparezcan de pronto como blancos de campañas de desgaste y los viejos personeros de los delincuentes que usurparon el poder estatal en el pasado sexenio asomen autorías. 

Antes fue un secretario federal; ahora se intenta construir una narrativa alrededor de un delegado estatal. 

El libreto parece conocido.

La exigencia de una reparación moral o de espacios para la aclaración, expresada ayer por el Gobernador AMÉRICO VILLARREAL ANAYA no constituye censura. 

Es simplemente el reclamo de equilibrio frente a la difusión de información que resultó falsa, en forma deliberada e interesada, o insuficientemente corroborada, que para el caso es lo mismo.

Los hechos terminan imponiéndose, siempre.

Hoy no solo la verdad acompaña al líder de las instituciones tamaulipecas; el derecho está de su lado para que, quienes se quedaron con la primera versión por la fuente aquella del medio californiano, por ahí también se enteren de la  verdad, la honestidad y compromiso del doctor VILLARREAL.

Las declaraciones del gobernador, al término de la ceremonia cívica semanal, ayer, alcanzaron para recordarle a los críticos de temporada, que los titulares de las áreas sociales gubernamentales no son los responsables de los saldos electorales.

Le preguntaban por su hijo, AMÉRICO III, en relación con la representación de la Secretaría de Bienestar federal en Coahuila y las recientes elecciones locales legislativas de allá mismo, donde perdió su partido, MORENA.

¿Desde cuándo los delegados o el Secretario de Bienestar federal son los responsables de los resultados de las elecciones?, respondió, palabras más, palabras menos, con otra pregunta contundente el ejecutivo tamaulipeco.

Y si, el saldo de toda elección suele ser multifactorial, entre lo que se hace y se deja de hacer por unos y otros en la contienda.

En Tamaulipas, con el gobierno humanista, visionario, comprometido y trabajador del doctor AMÉRICO, puntualmente medido en sus superávits que siguen poniendo a Tamaulipas en lugares de vanguardia, su partido, MORENA, tiene todas las de ganar en las elecciones del año próximo.

No hará falta buscar nombres y apellidos para endilgarle a la derrota.

Y para los triunfos, esos sí, se los abrogan todos.

En materia de salud pública también conviene separar la crítica legítima de la descalificación automática.

Los hospitales de alta especialidad que se construyen en Tamaulipas siguen siendo objeto de cuestionamientos por parte de las minorías marginales, aclamando retrasos en su apertura. 

La explicación ofrecida por el gobernador remite a los atrasos de las proveedurías de equipamiento especializado, elevadores hospitalarios, sistemas tecnológicos y cumplimiento de contratos.

Todo se ha ido solventando paso a paso; los hospitales que abandonaron los gobiernos anteriores ya están terminados y solo es cuestión de tiempo para terminar su equipamiento.

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